
Técnicas para fotografía nocturna impresionante
Fotografía nocturna avanzada

Lo que realmente te hace profesional
Vamos a quitarnos la careta: a todos nos pierde el "cacharreo". El GAS (Gear Acquisition Syndrome) es real y, seamos sinceros, abrir una caja nueva da gusto. Pero hay un momento crítico en el que la fotografía deja de ser ese hobby caro y pasa a ser lo que paga tu hipoteca. Y justo ahí, la conversación sobre qué cámara comprar cambia por completo.
Piénsalo un segundo. A un director de marketing o a unos novios nerviosos les da exactamente igual si tu sensor tiene 60 megapíxeles o si el eye-tracking detecta el ojo de un halcón en vuelo. Solo les importa que entregues el trabajo de alta calidad. Que no falles. La diferencia entre el aficionado top y el profesional no es la cámara, es la seguridad con la que trabaja.
Olvídate de las specs de la caja. Hablemos de lo que de verdad importa: fiabilidad, flujo de trabajo y que los números cuadren.
Aquí conviene ser práctico. Si tu cámara principal tiene solo una ranura para tarjeta, asumes un riesgo – si la tarjeta falla, puedes perder todo el trabajo, el dinero del cliente y tu reputación cómo fotógrafo profesional.
Las tarjetas SD mueren. Las CFexpress, por muy caras que sean, se corrompen. Por eso, el mínimo recomendable para trabajar como profesional es tener dos ranuras y activar la copia automática: cada foto se guarda en la tarjeta 1 y, al mismo tiempo, en la tarjeta 2. Así, si una falla, tienes un respaldo inmediato.
Y luego está el famoso “cuerpo B” (una segunda cámara). Imagina que tu cámara se cae o deja de funcionar justo antes de empezar un evento. ¿Qué haces? Sin una segunda cámara, no puedes seguir. Tener un cuerpo de respaldo no es un capricho, es la forma de asegurarte de que puedes entregar el trabajo pase lo que pase.
Por último, un detalle básico: lleva baterías extra. Las cámaras modernas consumen mucha energía y quedarte sin batería en mitad de una sesión no es una opción.
Los cuerpos de cámara se deprecian más rápido que un coche al salir del concesionario; las buenas lentes, en cambio, pueden acompañarte muchos años.
Para la mayoría de los trabajos (eventos, corporativo, prensa), hay dos zooms que suelen cubrir casi todo. El 24-70mm f/2.8 y el 70-200mm f/2.8 son tus herramientas de trabajo. Son versátiles, rápidas y nítidas. Te permiten adaptarte a situaciones donde no puedes moverte o no tienes tiempo de cambiar de posición.
Pero luego está el "toque" personal. Las lentes fijas suelen dar una imagen con más carácter: fondos más desenfocados y una sensación más “premium”. Un 85mm f/1.2 (ideal para retrato) o un 35mm bien luminoso (muy útil para retrato ambiental y reportaje) te dan esa textura y separación que grita "editorial" a los cuatro vientos. La clave está en saber cuándo usar la seguridad del zoom y cuándo apostar por un fijo para lograr una imagen más especial.
Si haces estudio, producto o e-commerce, eso de mirar la pantallita LCD de la cámara ya no vale.
El cliente, el director de arte o la maquilladora necesitan ver qué pasa en tiempo real en una pantalla grande. Y no es solo "ver la foto", es comprobar que el foco está bien, el color es consistente, el encuadre y la luz funcionan. Un buen cable y un software como Capture One (u otro equivalente) te ayudan a trabajar con más control y a transmitir profesionalidad.
El aficionado busca la luz bonita. El profesional la crea donde no existe.
Para sesiones exigentes no basta con flashes pequeños si necesitas potencia. Lo habitual es usar flashes con batería (por ejemplo, Godox AD o Profoto) que te permiten iluminar bien incluso en exteriores. Pero el secreto no es el flash, es el modificador. Un buen octa de 120cm o un beauty dish bien puestos, te ayudan a conseguir una luz más favorecedora y un resultado más “de revista”.
Nadie da saltos de alegría comprando discos duros o trípodes, pero son la base de un negocio serio. Un trípode sólido evita vibraciones y mejora la precisión, sobre todo en producto. Y una carta de color (ColorChecker) te ayuda a clavar tonos desde la toma y ahorrar mucho tiempo de edición.
Grábate la regla 3-2-1: si tus fotos no están en tres sitios, no están seguras. Necesitas discos SSD para volar editando in situ, un sistema RAID en la oficina para almacenar y una copia en la nube o disco físico fuera de la oficina.
* * *
Al final, definir el equipo profesional es un ejercicio de pragmatismo. El mejor equipo es el que se vuelve invisible en las manos, es el que funciona sin darte problemas y te deja centrarte en dirigir al modelo o capturar el momento.
En FotoNEX creemos que invertir en equipo es invertir en tu reputación. Te contratan por tu visión, sí, pero te vuelven a llamar porque eres fiable.
Explora nuestros artículos más recientes